viernes, 8 de enero de 2010

el gaucho argentino



La palabra gaucho se usó en las regiones del Plata, Argentina, Uruguay, y Brasil, (aunque allí la palabra es gaúcho) para designar los jinetes de la llanura o pampa, dedicados a la ganadería. Aunque se han propuesto muchas etimologías, no es claro todavía el origen de esa palabra. Una de las más populares es la que hace derivar a gaucho de "guahu-che", que en araucano significa "gente que canta triste". Fruto de la mezcla de sangres española e indígena, comenzó a forjar su original personalidad en las primitivas vaquerías de la colonia. Allí aprendió a desempeñar las tareas de ganadería con singular destreza y fundió su cuerpo con el de su inseparable compañero: el caballo. Pasaba la mayor parte de su vida sobre el lomo de su pingo, por eso siempre detestó la agricultura, que lo obligaba a estar de pie.
Su indómito valor lo convirtió en uno de los pilares de la emancipación americana. Fue pastor en los tiempos de paz y soldado en tiempos de guerra.
La extensión de la llanura pampeana fue la que terminó de moldear su conducta. Es independiente, de vida errante y costumbres sencillas. Esa libertad con que enfrenta la vida le traería aparejados muchos disgustos. Por mucho tiempo se lo marginó, llegándole su reivindicación con el paso del tiempo, al punto de convertirse la palabra gaucho en sinónimo de rectitud de carácter y nobleza de corazón.
El proceso evolutivo del gaucho y el uso de esa palabra se desarrolló sin solución de continuidad. Distintos tipos de gaucho existieron en Argentina antes de 1810, es decir antes de ser conocidos con ese nombre. Peones de campo existieron desde que comenzaron a formarse las primeras estancias, aunque hayan sido pocas al principio. El tercer tipo - que luego se llamó gaucho alzado - existió en reducido número. Pero no fueron los primitivos peones ni los "fuera de la ley" quienes le dieron la característica suficientemente fuerte para llamar la atención.
Es indudable que el tipo de gaucho que tuvo realmente fisonomía peculiar - el primero que fue llamado así - fue el gaucho nómada, no delincuente, que estuvo implícito en el gauderío oriental del s. XVIII. Este gaucho fue algo más que un simple vagabundo. Adquirió en la Argentina, a lo largo del s. XIX rasgos propios bien definidos. Y cuando se difundió suficientemente - es decir, a medida que fue creciendo la población rural - fue llamado gaucho, como también se había llamado al paisano oriental del s. XVIII.
Casi todas las faenas eran realizadas a caballo, animal que constituyó su mejor compañero y toda su riqueza. El lanzamiento del lazo, la doma y el rodeo de hacienda, las travesías, eran realizados por estos jinetes, que hacían del caballo su mejor instrumento; en el caballo criollo no sólo cumplía las faenas cotidianas sino que con él participó en las luchas por la independencia, inmortalizando su nombre con las centauras legiones de Güemes.
El ámbito del gaucho fue la llanura que se extiende desde la Patagonia hasta
el estado del Río Grande del Sur, en el Brasil. Hábil jinete y con destreza en faena
pastoriles como la doma y el rodeo. Tenía coraje, cierta arrogancia y una fuerte
vocación por la libertad Hombre poblador de nuestros inmensos campos,
era el jornalero* de las grandes estancias, muy diestro en el arte de dominar y amaestrar el caballo, con el que realizaba los trabajos de ganadería y agricultura. Jinete gallardo y valeroso que conservó, en medio de la rusticidad intelectual, la rectitud del carácter y la nobleza de corazón.
Antiguamente, los salvajes apagaban su sed en arroyos o ríos; pero mas tarde
los paisanos se veían obligados a practicar un pozo hasta llegar al líquido elemento.
Sobre el pozo formaban un arco de troncos; del travesaño colgaban una roldana,
un tiento, una soga y mas adelante con una cadena y un balde extraían el agua.
Varias formas de surtir el agua a los animales conocía el paisano para épocas d sequía. El mas simple era el jaguel , que era un pozo o zanja para recibir y conservar agua de lluvia o vertiente. El agua se tira a mano con muy poco esfuerzo. El balde pende de una de las extremidades de un largo palo o caña gruesa que se mantiene en equilibrio. La caña, bien balanceada por el contrapeso, permite elevar el balde lleno, que vuelca en una canaleta por donde va el agua al bebedero para animales. Una forma curiosa de mantener el agua fresca es verterla en un porrón de barro, cubrir éste con una bolsa mojada y ponerlo al sol.

Hablando de la alimentación del gaucho mencionamos el mate, infusión de yerba, auténticabebida nacional que ha consumido, consume y consumirá toda la población, sin distinción de clases. Se llama mate al recipiente en que se coloca la yerba para cebarlo. Suele ser una calabaza que, una vez seca, se abre y se limpia, secándole las semillas y la pulpa. Y la bombilla es un tubo de metal que tiene una bolita hueca con pequeños agujeritos que dejan pasar el líquido y retienen la yerba. Es tal la importancia que se le da al acto de tomar mate en esta tierra que hasta tiene su lenguaje, por lo general amoroso. Algunos de los significados han caído en el olvido o nunca lo conocieron.

Es fácil deducir porqué este lenguaje ya es casi desconocido. La vida veloz que
el hombre se ha impuesto ha anulado aquellos momentos de reunión para
matear. El mate se tomaba a toda hora, como que había para ello bastante servicio
doméstico y menos necesidad de ahorrar tiempo.
Pero los tiempos fueron cambiando, los intereses de ciertas potencias interesadas en no permitir la expansión económica de estos países, creó lo que se llama hoy sociedad de consumo, que anuló poco a poco esa industria, reducida a consumo local.

Considerando al gaucho desde la cuna, se ve que apenas puede sostenerse  sobre el caballo, es decir, desde la edad de 5 ó 6 años, éste es una parte integrante de su persona: desde que llega a la pubertad, le ensilla con el sol,  y no se desmonta sino para comer, jugar y dormir. Como se cría domando  potros, degollando novillos, corriendo carreras que a veces le cuestan la vida, vagando solo en la inmensidad de los campos, sin mas armas que su lazo,  sus bolas y su puñal; cruzando a nado los ríos mas caudalosos, prendido con  una mano de las crines del corcel, y con otra nadando y empujándole contra la corriente. Acostumbrado a pasar horas enteras los ardientes rayos  del sol en el rigor del verano, y los helados cierzos* del mas frío invierno;
a dormir en todas estaciones a la intemperie, a galopar tres días y tres noches  sin descansar.

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